Atila


LOS HUNOS DUERMEN A LOMOS

DE SUS CABALLOS

 

LOS CABALLOS JUGABAN un importante papel dentro de la cultura huna. Su empleo iba mucho más allá de la monta. Los hunos concebían la relación hombre /montura de una manera muy especial y los caballos eran mucho más que una mera bestia de carga. Los pueblos nómadas criaban su propia raza equina. Para preservar su bravura y su instinto y que estas cualidades no se perdieran con la doma, los hunos cruzaban siempre sus caballos con aquéllos que, salvajemente, campaban a sus anchas por las llanuras y estepas. Las bestias eran criadas con vistas a tres destinos: el comercio, el transporte o la guerra. Estas pequeñas monturas, de cuello largo, eran excelentes para el tiro, el salto, la carga y el combate, pero desempeñaban también un importantísimo valor simbólico dentro de la sociedad huna. Los caballos, y en parte gracias a su color, no tardaron en convertirse en todo un símbolo de poder. De esta forma, no todo el mundo tenía derecho a hacerse con una montura de colores claros, pues estaban reservadas para las gentes que ocupaban un lugar privilegiado en las más altas jerarquías. El color de la piel del animal servía, además, para organizar los ejércitos. Las monturas blancas se disponían al Oeste, las pardas al Sur, las negras al Norte y, por último, el resto al Este.

POR OTRO LADO, LOS GUERREROS desarrollaron un estrechísimo vínculo con sus monturas hasta el punto de parecer, en sus rápidos ataques, un único ser, lo que Gromblich en su libro Breve historia del Mundo acertó en llamar «centauros». 

Esta unión entre cabalgadura y jinete vino motivada gracias a la irrupción de la silla de montar, de las bridas y del estribo, descubrimientos que, sin duda, supusieron un importantísimo avance, no sólo dentro de la historia de la monta, sino también en el desarrollo de la logística militar. 

Una primitiva versión de la silla de montar se fabricaba en madera, pero los jinetes no tardaron en demandar a los artesanos el empleo de otros materiales más cómodos. 

 

 

De este modo, la madera no tardó en ceder su puesto al cuero curtido, mucho más resistente y agradable, tanto para el caballero como para su montura. Los estribos también se fabricaban en cuero, si bien algunas civilizaciones, como por ejemplo la china, llegaron a usar, más o menos entorno a esa época, estribos de acero

 

La decoración de estos útiles de monta corría a cargo de los artesanos, pero siempre seguían el patrón familiar e identificador del propio jinete. Los estribos y las bridas resultaban tremendamente eficaces para los jinetes a la hora de poner en práctica sus acometidas guerreras y llevar a cabo las rápidas retiradas que les caracterizaban. Además, la destreza de los caballeros hunos se vio incrementada favorablemente gracias a la irrupción de estas herramientas de monta. 

Los jinetes eran capaces de realizar toda una serie de cabriolas a lomos de sus caballos. La más recordada por parte de los cronistas enemigos era aquélla que les permitía retirarse del terreno de batalla o después de una razia, montando de espaldas, capaces de seguir disparando una interminable lluvia de flechas. Los hunos, además, no se bajaban de sus monturas ni para dormir. Buena parte de las negociaciones y tratados que llevaron a cabo con otras culturas fueron zanjados y firmados a lomos de sus caballos. Incluso la preparación de ciertos alimentos transcurría durante la monta. De este modo, grandes cantidades de carne se colocaban entre el caballo y la silla de montar a fin de que este producto se ablandase. Otro tanto parecido ocurría con el yogur.

Sin duda, en pocas civilizaciones los caballos tuvieron un peso tan claro como con la cultura huna, donde los hombres eran centauros.