

Además
de edificios religiosos, se construyeron fortificaciones
militares para refugio y defensa, y obras civiles. Estas
últimas, en buena parte, debido al incremento en el paso
de personas hacia los lugares de
culto.
• Dos hechos, de
importancia social y religiosa, ocurren en este
periodo histórico:
- Uno, es la influencia de las
órdenes religiosas a través de nuevas reformas. La
primera llevada a cabo, partió del monasterio
benedictino de Cluny (Francia),
expandiéndose por Europa.
Las casas
benedictinas tenían como único vínculo
entre ellas, los preceptos de la Regla de San Benito.
Cada monasterio elegía a su abad y cada abadía era
independiente con respecto a las demás, con lo que no
existía una autoridad común entre ellas. Con la reforma
de Cluny, se pretende acabar con esta independencia y se
intenta agrupar de modo jerárquico a los monasterios,
como medida disciplinaria y para controlar los gastos
suntuarios que se apartaban de la Regla.
- Por otro
lado, el fenómeno popular de las largas peregrinaciones a
Santiago de
Compostela, Roma y
Jerusalén.
•
La Península Ibérica, a finales del
siglo XI, se encuentra sometida a un
doble influjo:
- Los reinos cristianos del
norte reciben las influencias
religiosas y culturales que vienen del otro lado de los
Pirineos. Debido al aumento demográfico y económico, se
repueblan las zonas fronterizas y se produce una
"europeización" con
la instalación de comerciantes y artesanos, en los
núcleos urbanos que se formaron a lo largo del Camino de Santiago.
- Al
mismo tiempo, el Islam español, que
desde el 711 está asentado en el
sur, experimenta la "africanización"
generada (entre 1086 y
1148), por la invasión
almorávide.
Denominamos
Arte
Románico a toda aquella producción
artística generada en los países de Europa Occidental
durante los siglos XI y
XII.
A los diferentes estilos,
que se desarrollan en todo el continente después de la
caída del Imperio
Romano (visigodo, asturiano,...), se
les llamó arte prerrománico,
evolucionando todos ellos hacia uno sólo, muy homogéneo,
con características casi idénticas en todos los
países.
Cronológicamente podemos fijar en el año
1000 el comienzo de este arte, repleto
de espiritualidad, que durará hasta principios del siglo
XIII.
• La
denominación de románico se utiliza en Francia en
1820, aludiendo al antiguo arte de
Roma por su
semejanza con algunos elementos arquitectónicos (arcos,
columnas,...). Al igual que a las lenguas vulgares
derivadas del latín se las conoce como lenguas románicas
o romanas, de igual manera ocurrió con este arte.
• Su origen monacal
lo convierte en una manifestación artística
profundamente religiosa, a través de la cual se invita,
a los fieles, a la meditación, al recogimiento y a la
oración como medio de acercamiento a
Dios.
• Las
construcciones románicas fueron realizadas gracias a las
generosas aportaciones de reyes y
nobles (que buscaban de esta forma la salvación de su
alma), así como con los impuestos agrarios, lo que
contribuyó a aumentar en gran medida, el patrimonio y
poder material de la Iglesia.

![]()



Los artistas medievales recrearon con singular maestría los tormentos de la condenación eterna
|
A menudo se identifica la Edad Media con una época oscura, dominada por leyendas y supersticiones. Eso ha contribuido a asociar su imaginería artística con unas formas torpes y desproporcionadas, fracasadas en el intento de retratar la realidad. Si bien es cierto que el arte de aquel tiempo se alejó del realismo y desarrolló unas formas ingenuas y primitivas, también lo es que esa estética no era inconsciente ni el resultado de una cultura poco evolucionada. Respondía al deseo intencionado de realizar una imagen abstracta para transmitir mensajes morales profundos y elaborados. Por ello no se puede juzgar el arte sin antes entender la mentalidad del período que lo engendra, pues en él se esconden algunas claves que nos acercan a la sociedad del hombre que lo hizo, a los temores que lo acecharon y a las verdades que colmaron su espíritu. |
|
|
Desde el Antiguo Testamento la imagen fue considerada un peligroso instrumento de idolatría que amenazaba al fiel con su hechizo. El carácter simbólico que adoptó, en consecuencia, el primer arte cristiano, hizo que los artistas desarrollaran una figuración cada vez más esquemática y arcaica en beneficio del mensaje religioso. Su objetivo era adoctrinar al fiel sin que su atención se desviara hacia la belleza de las formas. Esta plástica espiritualizada eclosionó en el siglo XI con la escultura románica, transformando las iglesias en «libros de piedra» repletos de imágenes simbólicas que ignoran cualquier indicio de realidad. El temor a la muerte, inherente al propio ser humano, cobra nueva fuerza en épocas de crisis e inestabilidad, como lo fueron los primeros siglos de la Edad Media, golpeados constantemente por guerras, hambrunas y epidemias. Una sociedad amenazada también por las herejías y las religiones judía y musulmana, consideradas un grave peligro para la Iglesia cristiana, que se sirvió del miedo al Infierno para controlar a los fieles. En esta tarea el arte fue su más poderoso instrumento, ya que las imágenes calaban mejor que las palabras en la sensibilidad del pueblo. Por ello, vemos surgir en el románico un sinfín de formas fantásticas y bestiales que representan al demonio y al mal, advirtiendo a los fieles de los peligros que les acechan si se desvían del camino de Dios. Una concentración de monstruos que ejemplifica a la perfección el claustro de Santo Domingo de Silos, donde se muestra todo un universo de inquietantes fieras y aberrantes engendros que se entrelazan, luchan y despedazan.
|
|
EL ROSTRO DEL PECADO Así, la vida de ultratumba se convirtió en el foco del fervor religioso popular, pues las gentes ansiaban conocer con detalle lo que podría ocurrirles. Esta mentalidad fue el caldo de cultivo para la transmisión de algunas leyendas especialmente ricas en descripciones sobre los castigos de los condenados al Infierno. Esos relatos, en gran medida de origen musulmán, se difundieron con éxito por ofrecer detalles escabrosos, saciando la curiosidad del vulgo. De este modo, las figuras monstruosas y simiescas que cubren los canecillos y los capiteles de las construcciones románicas son la horripilante encarnación de los vicios que acosan al hombre. Esos pecados serán representados, en gran número de ocasiones, mediante el castigo que les está asignado en la otra vida. La lujuria será encarnada por una figura de mujer desnuda cuyos pechos y genitales son mordidos por serpientes. Aunque también la vemos aparecer, en la puerta de las Platerías de Santiago de Compostela, bajo la forma de la mala esposa con una calavera en su regazo. La antigua guía del peregrino explica que se trata de la mujer adúltera que porta la cabeza mutilada de su amante, obligada por su marido a contemplarla todas las noches como castigo de su reprobable conducta. La avaricia se presentará bajo la apariencia de un personaje con un engordado saco colgado del cuello. Se trata del usurero, condenado a ser estrangulado por la bolsa de sus riquezas. La hipocresía tomará el aspecto de una figura burlesca que estira la cavidad de su boca con las manos, deformando sus labios hasta el extremo. No en vano, cuentan los relatos que el mentiroso verá desgarradas las comisuras de sus labios, pues fue con éstos con los que pecó.
|
|
También se repite en muchas ocasiones la imagen de dos individuos luchando, que sin duda han de ser los coléricos, castigados a pelear sin tregua por toda la eternidad como sanción por su ira. Todas estas figuras aparecen de modo independiente en innumerables relieves de las iglesias románicas, aunque también las vemos reunidas en las representaciones del juicio Final. Son muchas las catedrales que abren sus portadas con este tema presidido por el Pantocrator o Cristo en Majestad, bajo el cual se distribuyen los justos y los condenados recibiendo la noticia de su destino. Así sucede en la portada de Santa Fe de Conques, donde se representan los demonios entusiasmados infligiendo todo tipo de castigos a los pecadores condenados. El gótico desarrollaría hasta el infinito ese imaginario infernal, perfeccionando la técnica artística para hacer más impactantes y verosímiles las imágenes de tortura. Aquello que antes eran visiones de pesadilla y fantasía -la ilusión de un universo futuro- se muestra ahora con los colores y las formas del mundo para no dejar lugar a dudas sobre el castigo que espera a los condenados. Muy representativo de ello es el púlpito de los hermanos Pisano en la catedral de Siena, donde los penitentes se aglomeran con rostros temerosos y desencajados por el horrible final que les espera. Parecidas escenas de terror se encuentran en la portada de la catedral de León, en la que unos repulsivos diablillos atormentan a los pecadores metiéndolos en ollas al fuego mientras otros son directamente devorados por inmensas cabezas bestiales. Con ello el gótico rinde culto a la condena y al sufrimiento, protagonistas indiscutibles del arte hasta el siglo XV. La imagen del Infierno, desarrollada en los Juicios Finales románicos, ha sido reiterada a lo largo de toda la historia del arte, concentrando los temores humanos a la vez que permitía a los artistas dar rienda suelta a su imaginación. Pero nunca como en la Edad Media se ha logrado recrear el oscuro mundo de ultratumba. Sólo sus artistas comprendieron lo que significaba ese terrible tormento que debía durar toda la eternidad. Ellos descubrieron que la exageración y el expresionismo eran los únicos lenguajes posibles para representar ese sombrío destino. INÉS MONTEIRA HISTORIADORA DEL ARTE (HISTORIA – National Gepgraphic |
