|
|
|
La revolución Neolítica consistió en la introducción del cultivo de plantas y de la cría de ganado, consiguiéndose la producción de alimentos, junto con importantes progresos técnicos. La nueva economía estaba representada por agricultores que, a la vez, criaban ovejas, cabras, bovinos, cerdos y vivían agrupados en poblados. Se servían de útiles pulimentados. Realizaban alfarería, hilados y tejidos. Todo ello, dio lugar a que la población experimentara un considerable aumento. Se iniciaron activos intercambios, que pusieron en relación las diversas culturas existentes. Empezaron a percibirse adelantos en el transporte, tanto en el fluvial (barcas de piel animal), como en el terrestre (carros de ruedas macizas tirados por renos, bovinos y, más tarde, caballos). En la Península Ibérica surgió la llamada cultura Megalítica, que coincidió con el inicio de la metalurgia. Sus construcciones características fueron los dólmenes, cámaras mortuorias (bloques de piedra dispuestos en forma de mesa); galerías cubiertas, sepulcros de corredor y, posteriormente, sepulcros de cúpula (falsa bóveda). |