| Tras la victoria
cristiana, la población musulmana fue expulsada y la ciudad
repartida entre aquellos que habían participado en la conquista,
de lo que queda testimonio en el Llibre del Repartiment. Jaime I otorgó
a la ciudad unas nuevas leyes, els Furs, que años después
hizo extensivas a todo el reino de Valencia. Comenzaba aquí
una etapa nueva, de la mano de una nueva sociedad y de una nueva lengua,
que sentó las bases del pueblo valenciano tal y como lo conocemos
hoy
La ciudad pasó por graves aprietos
a mediados del siglo XIV. Por un lado, la peste negra de 1348 y las
sucesivas epidemias de años siguientes, que diezmaron a la
población. Por otro, la guerra de la Unión, una revuelta
ciudadana, encabezada por Valencia como capital del reino, contra
los excesos de la monarquía. Por último, la guerra con
Castilla, que obligó a levantar a toda prisa una nueva muralla
para contener, por dos veces ––en 1363 y 1364––, el ataque castellano.
En premio, Pedro el Ceremonioso le concedió el título
de "dos veces leal", representado por las dos “L” que ostenta
su escudo.

La convivencia entre las tres comunidades, cristiana, judía
y musulmana, que ocupan la ciudad, fue conflictiva a lo largo de toda
la edad media. Los judíos, instalados en torno a la calle de
la Mar, habían progresado económica y socialmente, y
su barrio fue ampliando progresivamente los límites a costa
de las parroquias contiguas. Por su parte, los musulmanes que permanecieron
en la ciudad tras la conquista fueron instalados en una morería
junto al actual mercado de Mosen Sorell, contigua al entonces barrio
artesanal del Carmen. En 1391 una turba descontrolada asaltó
el barrio judío, lo que supuso la práctica desaparición
de la comunidad y la conversión forzosa de sus miembros al
cristianismo, aunque muchos siguieron practicando su religión
en secreto. En 1456, de nuevo un tumulto popular condujo al asalto
de la morería, aunque sus consecuencias fueron de menor trascendencia.
A
finales del siglo XIV adquirieron especial virulencia los conflictos
entre las diferentes familias del patriciado local. Alineadas en dos
bandos antagónicos, jugaron un papel destacado en el conflicto
dinástico que se produjo a la muerte sin descendientes de Martín
el Humano, que desemboca en el Compromiso de Caspe y en la entronización
de la casa de Trastamara en la corona catalano-aragonesa. En la sentencia
jugaron un destacado papel los hermanos Ferrer, Bonifaci y Vicent,
este último canonizado por Calixto III en 1455.
En
el siglo XV Valencia vivió una etapa de gran desarrollo económico
y esplendor cultural y artístico. Se creó la Taula de
canvis, una banca municipal en apoyo de las operaciones comerciales,
la industria local —con los tejidos a la cabeza— alcanzó un
gran desarrollo, y la ciudad se convirtió en un emporio comercial
al que acuden mercaderes de toda Europa. A finales de siglo se erigió
la Lonja de mercaderes, centro de transacciones y un verdadero templo
del comercio
Este auge económico tiene su reflejo en el plano artístico
y cultural. Se levantan ahora algunos de los edificios más
emblemáticos de la ciudad, como las Torres de Serrans (1392), la Lonja
(1482), el Micalet o la capilla de los Reyes del Convento de
Santo Domingo.
En pintura
y escultura se dejan sentir las tendencias flamencas e italianas en
artistas como Lluís Dalmau, Gonçal Peris o Damian Forment.
En literatura, al amparo de la corte de Alfonso el Magnánimo
florece la producción escrita, de la mano de autores como Ausias
March, Roiç de Corella o Isabel de Villena. Hacia 1460 Joanot
Martorell escribe el Tirant lo Blanch, una innovadora novela de caballería
que influyó en numerosos autores posteriores, desde Cervantes
a Shakespeare.

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